Como en cualquier otro deporte
(individual o colectivo), el ser entrenador en esta modalidad deportiva del fútbol
sala conlleva asumir la responsabilidad de tener que adoptar y, en un
determinado momento, aceptar aquello que tu equipo hace dentro de la pista de
juego. Tanto a niveles de fútbol sala
base como senior, amateur o profesional.
Desde fuera y, a veces, también
desde dentro todxs analizan con lupa el juego de tu equipo. Cuando lo hace bien,
el entrenador es una figura secundaria y los halagos se dirigen a lxs jugadorxs
(el equipo) pero cuando lo hace mal todas las miradas van dirigidas al
entrenador.
El entrenador dirige pero son lxs
jugadorxs quienes ejecutan, quienes realizan, quienes juegan. Son ellxs quienes
construyen el juego, quienes desarrollan el juego. Y, sin duda, el que
practiquen un buen juego será en parte culpa del entrenador que ha conseguido
que entiendan aquella idea que intentó transmitir.
Para eso es fundamental que
tengamos clara nuestra visión del fútbol sala, nuestras ideas de juego. Mejor
tener tres ideas claras que se lleven a la práctica casi a la perfección, que
diez ideas que queramos transmitir y nuestro equipo no consiga progresar ni
mejorar con ninguna de ellas.
Cuando las cosas no salen como
queremos aparece ese sentimiento de culpa, pero no debemos olvidar que seremos
nosotros quienes tendremos que darle la vuelta a la situación y resolverla.
Empezamos a agobiarnos porque el fútbol sala no es una ciencia exacta y al
igual que en todos los sitios donde se realiza un trabajo colectivo, el
resultado del mismo no se puede prever. El juego, de todxs y cada unx de lxs
jugadorxs de tu equipo, en un partido depende de muchos factores (físicos,
técnico-tácticos, anímicos y mentales). Cada jugadxr es un mundo aparte y,
muchas veces, su rendimiento es imprevisible.
Creo que la clave principal para
el buen funcionamiento del equipo está en la sintonía con tus jugadorxs. Darles
confianza y ánimos en determinados momentos, ofrecerles diversión y, sobre
todo, hacerles saber que para conseguir lo que se quiere hay que esforzarse.
Que ese esfuerzo unido a la lucha, a la entrega y al sacrificio nos hará
conseguir un objetivo final satisfactorio para todxs.
Hay que sentar las bases desde el
principio, asumiendo que somos un equipo para lo bueno y para lo malo. Que
todxs tenemos, o la misma, o alguna responsabilidad.
Por lo tanto no tenemos que
sentirnos solos ante los problemas. Siempre hay un grupo de jugadorxs que
tienen que estar a tu lado y ser conscientes de que todxs somos responsables y
que entre todxs podemos conseguir el objetivo final.